Estuario (Libro recobrado)

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Categoría: Poesía

Editorial: Universidad Nacional de Colombia

Universidad Nacional de Colombia

Año de Edición: 2004

2004

ISBN: 9789587014617

9789587014617

Sede: Bogotá


Después de cuarenta años de su muerte, Carlos Obregón comienza a ser reconocido como uno de los grandes poetas de Colombia. Su obra excede el centenar de poemas y la calidad se sostiene de principio a fin, virtud extraña en la poesía colombiana, en la cual ?salvo Aurelio Arturo- el exceso de pr...
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Detalles

Después de cuarenta años de su muerte, Carlos Obregón comienza a ser reconocido como uno de los grandes poetas de Colombia. Su obra excede el centenar de poemas y la calidad se sostiene de principio a fin, virtud extraña en la poesía colombiana, en la cual ?salvo Aurelio Arturo- el exceso de producción opaca los contados poemas de un autor dignos de perdurar. Obregón eleva la experiencia de la vida a la suprema poesía, que es capaz de crear el hombre ?cuando la eternidad se encarna en la palabra humilde/ o en la quietud despojada de santuario?. Con palabras corrientes, ejemplarmente acopladas, nos revela aquello que ni siquiera el canto puede nombrar y, por ello, cada vez que leemos un poema suyo nos concede el milagro de apartarnos de la arcilla para ser luz ?la luz que danza como una ave,/ como un ritmo de luna que se agita en el sueño?. La música de estos versos se oye en toda su obra y anula la posibilidad de darle un nombre a tono tan personal. Es un ritmo sereno que causa un estremecimiento semejante a un suspiro del espíritu. En el alma oímos la melodía de su mundo mientras respiramos su misteriosa atmósfera. Ese algo más allá que mora en uno y que uno ignora, lo intuimos gracias a su palabra. Su poesía parece inspirada en un movimiento ininterrumpido, ajeno a la estridencia y la rapidez. Incluso cuando la violenta realidad ? ?un país maldito donde Cristo agoniza? ? lo sumergía en la pesadilla, lograba poetizar de forma tan serena que un academicista diría que lo expresaba como si viviese en otra dimensión, como si le concediese a la existencia una duración imaginaria, como si sus experiencias ocurrieran en mundos ilusorios o él se guiara por la lógica de un sueño amable y lento.
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Información adicional

Editor / MarcaUniversidad Nacional de Colombia
CiudadBogotá
FacultadDirección Nacional de Divulgación Cultural
Año de Edición2004
Número de Páginas148
Idioma(s)Español
Alto y ancho13.5 x 21
Peso0.2100
Tipo Productolibro
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Carlos Obregón

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Prefacio
Retrato a pluma de Carlos Obregón
por Gonzalo Torrente Ballester

Prólogo
“Terrible navegar en el asombro”
por Víctor López Rache

El silencio del fuego

Como la rosa contiene su quietud
Al fondo del silencio el mar renace
Pasajera del viento
El alma sola y alta
La noche contemplada cae sobre los ojos
Contra el cielo los ojos
El amor como el fuego nace
Noble luz del estío
Bajo el asombro y la esperanza
Con el árbol se entrega su luz joven
En la ribera de tu voz
El sol desde la altura quema el viento
En la ribera de tu voz
El sol desde la altura quema el viento
Bajo el ala del viento el alma
La castigada soledad del ojo
Aguzada presencia
El viento entre los árboles trascurre
Mira hacia adentro
Brujo de un solo abismo
Roca viva en milenios
Tan sólo el mar en la pleamar del día
Cada instante surge del mar y al mar retorna

Días del monje

A veces
Mientras sube el incienso
A la hora de maitines
Con la liturgia tu silencio
Desde mi ventana
Te escucho cuando rezo
Lo que veo es muy sencillo
Sin que nadie te llame
Antes de vísperas
Cuando se desvanece el tiempo
En las vigilias
Cuando el día se apaga

Peregrinaje: Elohim

Como viento hacia adentro avanza por la noche
En qué fulgor, hacia qué morada
Ninguna flor bajo la comba de la ausencia
Tu cuerpo solidario en el poder
Tras la noche lo rescatabas de un abismo de muerte
Día tras día, el alma con la mar
Casi sin peso se extiende la ofrenda de los frutos
Golpea el mar los arrecifes
Desde el silencio hasta la luz
Primicia dura el viaje, viento antiguo
Mar. Desierto. Rutas para el amor

El tiempo contemplado

Vibraba el cielo. El río en cada tallo
Surgen densas las horas en la cala desierta
Trae el mar un clamor de soles rigurosos
En el sol de los frutos persevera el recuerdo
Hondamente resuena la soledad del valle
Miro el mar soñoliento y la campana
En el collado que cae hasta las rocas
Desciende hasta la carne el peso de las nubes
Todo es ancha vigilia bajo el cielo
La arena es hoy leyenda
Solía irse del cuerpo cuando amaba
La noche lo guió hasta una cima
Se recorre el silencio en cada rosa
Plegaria de los huesos

Domingo

En la hora en que se mueren los malditos
Para esta vasta comba de esperanza
Estoy entre muros que encierran
Pesada cae la tarde sobre mis hondos ojos
Hacia mañana voy a grandes rasgos

Cantos

Entregado a un simple transcurrir
Siempre he escuchado en su ardiente llamada
Toda la luz sobra si la fe que nos guía
Más pesado que el mar en la pupila
Estar inerme, estar de ser entero

Epílogo
Algunos recuerdos de mi amigo Carlos Obregón
Por Marisa Torrente Malvado
A Carlos Obregón
Poema de José Bergamín

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